De la carretera de Teotihuacan, a la autopista de México norte, de ahí a una carretera comarcal que pasa por Hidalgo, más adelante cambio de carretera más estrecha que va subiendo serpenteando por las enormes montañas que forman el macizo de la Sierra Madre Oriental, allí donde se unen tres estados, algo semejante a la triple frontera de Brasil, Argentina y Paraguay, donde vi la masa de agua dulce en movimiento más grande de la tierra que me impresionó profundamente, nunca el agua me había impresionado tanto, hasta llegar a este lugar de Sierra Madre. El asfalto desapareció de la vista y entramos en una pista de
tierra batida que empieza a descender a las profundidades del barranco
más grande que he visto en mi vida. El único lugar que tiene
un poco de parecido es la zona de los Alpes que ve cuando viajas desde
Grasse, el pueblo del perfume, hasta la Barcelonette donde se helaron
las vides que producía un vino blanco generoso que tenía
la virtud de dejar el pelo crespo y que sus gentes emigraron a México,
por un momento pensé que los descendientes de estos catalanes que
llevó a los Alpes Felipe II, pudieran estar en este lugar, pero
pronto me di cuenta que no, aquí no se dan las vides, hasta antes
de entrar en este profundo barranco húmedo todo el paisaje está
cubierto de chumberas, las hay a millones que aquí les llaman nopales.
Hay miles y miles de piteras pero más grandes, mucho más
grandes que cualquiera de las especies de piteras que tenemos en Sirventa,
las de aquí son parecidas a las un solo color verde que luego,
cuando florecen, hacen un palo largo y arriba nace una copa de bellísimas
flores blancas. Emma no para de hablar y de gesticular, parece que rebota de su asiento cuando vuelve la cabeza para hacer algún comentario, es igual que mi abuela, los mismos ojitos picarones, la misma sorna, la misma fuerza que da ese fuego de primavera, pero con 61 añitos de nada. Con Lorenzo se me ha cruzado una metanoia aún más compleja, es como si se tratara de mis amigos ya fallecidos, Lorenzo y Pepo, Tauro el primero y Leo Aries el segundo, como Lorenzo el chaman, de tal manera que me resultan absolutamente familiares y los comprendo perfectamente y ellos a mí, así que me siento a gusto en su compañía. Al entrar en Sierra Madre, el paisaje cambia completamente. He dormido,
me he despertado, he vuelto a dormir, no sé ni que hora es, no
tengo reloj, me da rollo preguntar que hora es, pero llevo dentro del
coche traqueteando desde antes del amanecer y ya es mediodía y
seguimos en marcha hasta llegar a la pista de tierra que desciende y desciende
serpenteando con curvas cerradas que te asoman a un vertiginoso barranco
que te aprieta el ombligo de verlo. Paramos en un par de ocasiones a recoger unas hierbas al lado del camino, más delante ya aparecían unos carteles prohibiendo la recogida de plantas. En el fondo del gran barranco discurre un río de aguas calientes que nace en el fondo del enorme barranco, mana desde una enorme caverna que tiene la forma parecida a un enorme sexo de mujer. No es que lo diga yo o que sea un maniaco sexual, lo dicen todos, lo anuncian así, es el coño de la madre tierra, así lo dicen. Hubo un momento en el que el 4x4 quedó aparcado con todas las pertenencias, ropa y cámara incluidos, terminamos de hacer el trayecto andando siguiendo un camino pegado a las rocas desde donde se ve allá abajo, al fondo, el río caliente humeando, caminamos hasta llegar a la pared rocosa desde donde cae una catarata de agua fría de más de cincuenta metros y que hace de cortina para entrar en la cueva alta, la del río interior de agua caliente. La temperatura ambiental es fresca, yo tengo frío, además no pega sol y ahora tengo que meterme debajo de una catarata de agua fría si quiero entrar en la cueva del agua calentita. Recorcholis, con la poca gracia que me hacia el agua fría, brrrrttt. ¡Hala¡ para adentro, bbbrrirtttssssss ssschhhh blip... dentro. Agua calentita que bien. Las cuevas por dentro no tienen luz, al poco que andas todo está oscuro, el agua caliente cubre bien, en ciertos momentos el agua de llega al cuello y flipas un poco y dices: Dios mío en que lío me he metido una vez más. Ya estoy otra vez con el agua al cuello. ¿Pues no había venido a México a trabajar y ya está? pues no, nada de trabajo, metido en el coño de la madre tierra con el agua al cuello siguiendo a tres brujos locos en una alcantarilla natural. Cincuenta metros adentro ya funcionas al tacto, había que subir un desnivel de unos tres metros con el agua caliente cayéndote encima, parece imposible que pueda uno subir por ahí, pero subes y subió Emma con sus bastantes kilitos de más y subió Hilda y subí yo y seguimos andando hasta el final de esa especie de útero de la montaña donde había una charca redonda que nos permitió sentarnos dentro del agua y formar un círculo cuadrado entre los cuatro y allí Emma inicio el ritual. El ritual de Emma es el mismo que oficia dentro del temazcal, en realidad un lugar así debió ser el origen del temazcal, aquí el agua caliente y los vapores brotan de la misma tierra, no hace falta calentar nada, todo está caliente. Aquí ya no hay emoción sensual ni sexual, aquí uno es esperma, vida, energía, que sé yo, está uno en otra cosa difícil de explicar, porque es un sentimiento, algo así como el principio, aquí se vive una regresión de tres pares de narices. Ahora bien, regresión, regresión, descarada regresión la que experimenté luego en la parte ancha y grande de la caverna que está un poco más abajo y donde fuimos después de salir de este lugar de iniciación. La caverna por donde mana la mayor parte del agua es enorme, es como una gran balsa plana cubierta de rocas enormes, saliendo del fondo de los rincones torbellinos de agua caliente y desde el techo grandes chorros abiertos de agua fría unos y de agua caliente otros, un súper hiper yacusi total, increíble, imposible de explicar. Allí nos quedamos sentados dentro de agua pegados a una pared del fondo, por la derecha venia agua un poco fresca, desde arriba caía un chorro de agua caliente del tamaño de un cubo y por la izquierda llegaba un suave fluir de agua caliente. Hubo un momento en que me deje flotar, Emma me sujetó la cabeza y Hilda me sujetaba la mano izquierda, el agua manaba y caía en mi cabeza igual que la primera vez que me bañaron al poco de nacer........................... titomacia@yahoo.es |